Caminando sendas oscuras, habitando la luz

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Yo he sido descuartizador de peces, difusor editorial misional, cantante de bares, gerente de taller electrónico, promotor cultural del baile, trovador a cambio de cenas y bebidas, es más, creador de empresas… múltiples trabajo, diría yo que un transformista, todo ello antes de terminar mi carrera universitaria.

A ver, aclaro. Trabajé en una pescadería, repartí material impreso de una parroquia mientras estaba en el colegio, fui el regente de mi propio taller en la casa de mi madre, cosa que no terminó bien porque los apararos que pasaron por mis manos funcionaron… pero sobraron piezas, siempre creí que tenía que ver con un error de diseño… mío por supuesto. En otros tiempos, combinaba mañanas de enseñanza de español a no hispano parlantes, con una aproximación rítmica a nuestros países… dando clases de salsa. Además fui trovador dando serenatas, siendo perseguido por padres, perros, o por la persona a quien le dábamos la serenata equivocada. ¿y, a que viene todo esto?

Lo anterior para decir que llegada la finalización de mi MBA tenía camino laboral recorrido de los cuales había aprendido creía yo…(además de un par de trabajos más en forma, uno de ellos como Gerente Comercial regional en una empresa en El Salvador). Y un año después de terminado el MBA ocurría la historia.

Ahí estaba yo, graduado con honores de la escuela de negocios más importante de AL; siendo incapaz de contenerse, frente a la declaración de «usted no seguirá con el rol, la institución ha decidido que no seguirá…» independientemente de lo justificado o no de la decisión (cosa que es cuestionable) el punto es que el mundo se venía encima… al terminar la maestría había aceptado un contrato anual como investigador. Lo cierto es que ahí estaba yo, entre dormido, desmayado y en una contundente negación, incapaz de repicar, de preguntar, secuestrado por la amígdala.

¿Han experimentado ustedes una situación semejante? Esa del tipo en que todo aquello en que usted cree creer se le viene encima; esas en las que toda aparente certeza cede… piense una de estas… las ubica¿?

Y si ahí estaba yo. He de comentarles de adonde venía un poco, porque de pronto eso explica en parte lo que sucedía. Soy el primogénito de una madrea sola, una a la que le toco, si sacar a sus hijos adelante y escogió una manera de hacerlo. Ella hizo cosas extraordinarias, siendo madre sola trabajó, completó dos carreras, y nos formó… sin decir mucho, y si con su peculiar carácter, energía y resentimiento propio de su situación.

Esa mujer llevaba al detalle los gastos de la casa, cuanto costaba cada plato, cuanto sería el presupuesto anual, si habría o no algo para navidad que fuese funcional y económico; elegía como ir pagando, que pagar primero y que pagar después; que inversiones eran posibles y deseables. Espectacular, mi madre sabía con meses de antelación si el niñito Jesús iba a pasar por casa o iba a perder el rumbo. Y no había más ilusión que verle brillar los ojos cuando como consecuencia de sus juegos presupuestarios se aseguraba un poquito más para esas fechas.

Y yo era el primero, Como primogénito de manera tácita elegí dar el ejemplo, en comportamiento, en notas, en la escuela, con la familia… que precio más alto se paga por elegir ese camino… ¿lo conocen?.

Ahí estaba entonces frente a un profesor que poco tenía que ver con mi proyecto y desempeño y este me decía que no continuaría como investigado del instituto, que el contrato no sería renovado… ¿adonde estaba mi foco?, ¿en lo que no sería?… no en lo que ya había sido y podía ser… ¿que me atormentaba?

o Una casa recién negociada, la gran inversión, lo que representa una casa…

o Una reputación, como el alumno distinguido de la generación, que ha aportado lo que ha aportado puede resultar con contrato no renovado… así nadie lo supiera, así el contrato fuese por un año, así no quisiere estudiar más o, quedarse ahí toda la vida…

o Un compromiso financiero con un préstamo hecho para pagar la maestría, con hipoteca sobre la casa de mi madre

o La vergüenza frente a mi familia

o Fracasar…

¿alguna vez han experimentado una situación como esa?… ¿qué emociones despiertan?…

El miedo, meramente miedo… vestido de muchas cosas: de vergüenza por el qué dirán, así nadie dijese nada; el fracaso, y el miedo a fracasar; poner mi atención en lo de afuera y no en lo que si tenía conmigo; miedo a no ser reconocido. Mas, ¿quién quería yo que me reconociese? ¿cuál abrazo temía no recibir? ¿qué era aquello que yo consideraba que realmente perdería? ¿en verdad me desvanecería?

La amígdala me secuestro, el hipocampo se fue de paseo y de pronto habité estados internos alterados, abracé la reactividad; me declaré víctima del sistema, de la organización, toda la energía emboco en justificar todo aquello que era inadecuado, todo aquello pesimamente administrado en la meca de la administración (suele pasar) y al margen de cualquier mal manejo, acto correcto o incorrecto; a mis efectos estaba en negación, negado a la posibilidad de haber fallado, de aprender de ello, de moverme luego del resentimiento a la aceptación y de la aceptación a la posibilidad.

Menos de cinco días después estaba liderando un proyecto importante para una firma suiza de consultoría, un proyecto maravilloso de mucho aprendizaje e impacto. Más, yo seguía atado como víctima a un verdugo que era yo mismo. Y desde ahí, aparecía el miedo a que se dieran cuenta, miedo a que alguien ni siquiera preguntase porque no estás más en ese sitio (así fuera que se tratase de lo más conveniente), o la pérdida de energía relativa a ¿qué dirán en los pasillos? ¿cuánto poder damos a esas conversaciones que ni siquiera sabemos que existen?.

Y de pronto, en un momento del nuevo proyecto las cosas encontraron su lugar. Como parte de la iniciativa correspondía sugerir un curso de acción que implicaba no continuar con una persona en un rol, así fuera que la persona realizaba un gran trabajo; el aprendizaje no vino por el lado de ver que ahora estaba al otro lado de la acera; no, el aprendizaje vino por la forma en que la persona en cuestión, escuchó atenta la noticia, agradeció lo recibido y oportunidad, y con toda la humildad del mundo se apertura a recibir feedback de cara a hacerlo la siguiente vez aún mejor. Yo tenía tanto miedo de perder, tanto miedo de fallar, tanto miedo de no ser reconocido, que no había sido capaz de conectar con mis luces, al no admitir mis propias sombras.

Hoy día, a más de 20 años de eso puedo decir que he sido descuartizador de peces, difusor editorial misional, cantante de bares, gerente de taller electrónico, promotor cultural del baile, trovador a cambio de cenas y bebidas, es más, creador de empresas, flautista de Hamelin de despropósitos, coach, conferencista; y algo que hizo probablemente diferencia caminante de veredas oscuras, un acompañante amoroso y consistente en el camino.

 

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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