COACHING PARA PADRES

Te quiero contar mi historia

Desde el 2003 aproximadamente estoy en los caminos del coaching; luego de un momento de profunda reflexión acerca de a qué quería dedicar mi hacer profesional llegué al coaching… en compañía de una nena de menos de dos años.

Una serie de eventos me invitaron a pensar respecto a mi manera de vivir lo que en ese entonces distinguí como propósito, y ejercer una práctica profesional que fuese congruente. Y sigo habitando el espacio del coaching… cerca de 14 años después.

Durante estos años trabajé con ejecutivos de una veintena de países y tres continentes, equipos de liderazgo en más de una docena de países, organizaciones en las américas (de todo tipo, tamaño, desde Fortune 500 a emprendimientos tecnológicos); participé en procesos de cambio organizacional, diseño de futuros, y toda suerte de intervenciones organizacionales.

Ha sido un trabajo maravilloso, enriquecedor, de gran satisfacción, aprendizaje y sin duda de contribución; que me ha permitido aproximarme a los mundos de miles de personas, en cientos en organizaciones, con actividades tan diversas como el deporte, la química, la gestión de activos financieros, consumo masivo, desarrollo de productos para la medicina oncológica, docencia, gerencia, comerciales, etc.

En este recorrido, sin mencionar el previo en que igualmente trababa relación con lideres, encontré territorios comunes en los individuos con quienes he tenido el privilegio de acompañar, sea de manera personal o bien como parte de un equipo de liderazgo. Uno de estos territorios comunes que ha aparecido en cientos, me atrevo a decir miles de horas de conversación, es el ámbito de las relaciones familiares, aquellas en que participo como padre, madre, hijo, pareja.

Uno de los temas recurrentes detrás de los desafíos de realización y efectividad de estas personas son sus relaciones con sus hijos, su relación con su pareja.

Emerge en esas conversaciones la competencia o incompetencia para gestionarse frente a sus hijos; la frustración frente al juicio de todo aquello que logran en el ámbito empresarial y no ser capaces de sostener una conversación con su hijo; el no saber distinguir cuando quien habla es la voz del ego disfrazada de “no quiero que sufra”; el secuestro relacional vestido de “no llevaré a nadie a mi casa porque no quiero exponer a mis hijos” así sea que ese padre o madre se ha separado hace más de una decena de años; el temor a mostrarse vulnerable frente a su equipo de trabajo, como herencia de ese mismo temor de fallar a su padre o a su madre; etc.

Y si, todo eso emerge en sesiones 1 a 1 con ejecutivos, líderes, emprendedoras, ya que en la base del mundo relacional de estas personas está la historia, lo aprendido, lo no resuelto, lo que se abraza de nuestra historia familiar, las luces (si y muchas) y también las sombras, que terminan siendo además reductos de lucidez y poder transformacional.

14 años después veo mi práctica, veo cientos de personas comprometidas consigo mismas, que preocupadas por algo fuera de ellos (sus colaboradores, sus pares, sus clientes, su esposa, sus hijos) iniciaban proceso empeñados en que hay que hacer diferente, dando cuenta muchos en el camino que para lograr mejorar sus relaciones con otros, algo debía suceder en ellos, con ellos, con ellas.

Reflexionar alrededor de lo anterior, me ha traído al territorio del coaching parental entonces, como resultado de dar cuenta lo relevante del espacio, pero sobre todo porque soy hijo de alguien, soy padre de alguien, y ese es el principal camino que me ha llevado al coaching para padres, tiene nombre de mujer y se llama Rebeca.

Y si, mi historia en el mundo de la práctica del coaching empieza en el 2003, más soy padre desde el 2001; y ese viaje ha sido verdaderamente transformador. Ha sido un viaje en el que me reconozco vulnerable, errático, incoherente, temeroso, e imperfectamente amoroso.

Ser padre ha sido mi más grande escuela; ha sido escenario del darme cuenta de mis incontables sombras, y de algunas cuantas luces; me ha mostrado la entrega más allá de la entrega, me ha sorprendido en el amor incondicional, me ha enseñado el significado de la palabra incondicional; me ha mostrado mis más grandes temores; ha sido generador de recursos; risas, llanto, miedo, gozo, plenitud.

Le escuché decir a una gran maestra que alguien alcanza el seniority en algo luego de una práctica consistente, aprendizaje y mejora de algo por un período de 10 años, no se si será así, lo cierto es que puedo decir que he alcanzado algún expertisse y reconocimiento en el mundo del coaching… más como padre tengo más tiempo de práctica, y sin embargo sigo siendo aprendiz, descubriendo cada día nuevas aristas, nuevos caminos, aprendiendo junto a esa gran maestra que desde su maravillosa y perfecta imperfección me enseña todos los días el camino a mi mismo.

Y eso es finalmente lo que me ha traído a este espacio y a hacerte la invitación que te hago, es mi haSer como padre, como coach parental, como conferencista, como sujeto comprometido con su propio crecimiento y que si lo permites puede acompañarte en el tuyo.