De amores virtuales e influencer…

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¿Qué compromiso se adquiere y con quien cuando se toma una “selfie” (le digo una y no sé si más bien el tema es masculino) y la misma es publicada en las redes sociales por el mismo protagonista? ¿tiene alguno? ¿con quién? Y, ¿qué sucede cuando la foto en cuestión es de este sujeto con su pareja?, ¿qué es lo que quieren que el mundo sepa de ellos? ¿y, cuan volátil es mi identidad pública cuando puedo mostrar amor eterno en la red y días posteriores entrar en una depresión y silencio virtual?

No tengo respuesta para esas preguntas, a decir verdad, hay cosas del mundo virtual que sigo sin entender. Por ejemplo este caballero de mediana edad que comparte en FB fotos suyas con “el amor de mi vida” (el suyo), las hace desde un extremo y otro del continente, con el fondo del país de visita de él o de ella; aparecen consignas del tipo “no importa el lugar, tu eres mi patria”, “adonde sea nada lo hace mejor que tu compañía”; otras en las que celebran los méritos de su pareja como “nadie lo hace mejor que tu”, o, bien, una especia de acuerdo tácito de no hacer bombo del hacer profesional del otro porque puede sonar sospechoso… como si no fuera ya sospechoso el resto del comportamiento.

Y entonces, este par de enamorados que regalaron al mundo de jornadas semanales de encuentros, frases y desencuentros entran en un profundo silencio, ni una sola nota que le permita a los seguidores armar su propio cuento, nada de spoiler, ni una sola filtración. Personas siguiendo la historia se sienten defraudados, más no por cosas relativas a la relación a nivel más profundo, no, nada de eso; los seguidores de esta historia se sienten frustrados porque el amor aspiracional, ese cuento que se contaban dejará de estar en pantalla (la verdad es que poco les importan los personajes) o bien aún aquellos que seguían desde el lapidario “ a ver cuánto les dura” resienten su crónica de un final anunciado, no podrán seguir alimentando su ansiedad y expectativa. A los pocos días, no solamente terminó la historia, y quizás no existió …porque aquellos que le seguían ya no le distinguen, ahora están prendidos de alguna otra historia, otro aspiracional, a algún influenciador.

No deja de aparecer aquella voz descalificadora del comportamiento de los “voyeristas virtuales”: “es que no tienen vida propia, se la pasan en una vida ficticia que no es la propia, alienados por una realidad tan distante como su propia esencia o su ausencia de conexión consigo mismos”. Así como no podía dar respuesta a las preguntas del inicio, tampoco puedo sumarme a este tipo de comentarios, toda vez que no me es posible distinguir si la vida que vive aquel que sigue estos amores y desamores cibernéticos, es muy diferente a de aquel que se la pasa viendo novelas, o bien, a aquel que llenaba su vida, sus días, leyendo a Cortázar, a García Márquez o a Vargas Llosa. Aproximaciones y ventanas a otros mundos de todas maneras, alguien dirá que es más profundo lo último, nunca lo sabré, sobre todo porque la historia en cuestión ya terminó y no le pude seguir el paso.

Tampoco termino de comprender el fenómeno de los llamados influencer. ¿Qué cosa es un influencer? ¿una práctica, una disciplina o un rol? Alguien me comentaba que hoy día es más fácil ser influencer que antes. Lo cierto es que es una distinción propia de los tiempos, de ahí que no hace sentido comparar lo incomparable… pero, si tal cosa fuere posible ¿quien sería un influencer de siglos anteriores? Los habría y muchos en diferentes campos, en la literatura, la filosofía, las ciencias, las políticas, lo económico, grandes hombres Y mujeres que han influenciado en la creación y forma de vida de la vida que tenemos hoy. Hay una diferencia me decía alguien, hoy día un chico puede ser influencer a más corta edad, y lo es porque su mensaje puede llegar a millones de personas y mover consciencias, promover cambios, etc. Y no puedo dudar tal cosa, más, al igual que la relación tele novelesca cibnernatuica que mencioné al inicio de esta nota, así como se postea, pasan segundos, digamos minutos y otra nueva nota, otro comentario, otra noticia, otra “gran influencia” llena las redes… y por lo mismo, el primer influencer debe redoblar esfuerzos y buscar la manera de mantenerse en los primeros lugares de las listas… me cuesta imaginar a Aristóteles en ello.

Los influencer de antaño poco invertían en ser eso, y su mensaje perduraba llegando a más personas no por los medios tecnológicos, más bien a pesar de, por esa mañana de conexiones que es lo relacional, aquello que se llega a insertar dentro del sentido común. Me cuesta imaginar a Moisés haciendo una selfie de ese momento en que tomó las tablas de la ley, y haciendo un vídeo de lo que ello representaba, en ese caso si el caballero no estuviese bien conectado seguramente el mundo occidental sería muy diferente al que conocemos. Más ¿Cuánto influencian los influencer?

Hay cosas en las que hemos cambiado con el tiempo, lo reconozco como hijo, como nieto y como padre; más, a pesar de las redes de lo que posteo y dejo de postear; al margen de hacer público lo que como y no como; con independencia de estar o no en los lugares de más alto rating; hay personas que me importan con quienes deseo compartir mi tiempo, hay organizaciones y equipos con necesidades que de pronto podemos atender y crear de manera conjunta, y cosas que más nadie que tu o yo podemos hacer, y eso también es parte del mundo real, esas que haces mientras no sigues a un influencer, o mientras le das un descanso a la relación de “el” y “ella”.

Por el momento corro a completar la edición de este post.

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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