De las consecuencias de un SI fácil

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Simplemente se podía ofrecer disculpas, sin justificar, simplemente manifestar la aceptación respecto a un gesto o comportamiento que iba en contra de lo esperado, así fuere que ello no estuviese del todo claro para las partes, más, una de estas no se había visto satisfecha ¿de qué se trata esto? ¿cuál es la situación?. Resulta que el sujeto (en adelante Carlos) recibió una petición de ayuda por parte de una persona a cargo de un proyecto (en adelante Celia); dicha ayuda consistía en apoyar a un tercero en un proceso que incluiría varias conversaciones virtuales, y, que debería iniciar por un espacio de ponerse de acuerdo en lo logístico.

Semanas después, Carlos remite un mensaje al tercero y se pone nuevamente a sus órdenes (como lo había hecho por whatsapp en varias ocasiones sin respuesta) y a la vuelta recibe un mensaje de audio en el que en resumen se le dice a Carlos, que el apoyo que se necesitaba era hace varias semanas, que ante la dificultad para coordinar ella buscó otra manera de resolver, que quizás en otro momento de la vida o situación puedan lograr coincidir, agregando un “pero no pasa nada”.

Más allá de todas las explicaciones que puedan encontrarse, Carlos se siente incomodo, se siente mal, expuesto… se siente avergonzado, y de a eso vino la conversación con Carlos. ¿Qué hay detrás de lo que Carlos denomina vergüenza?. Al revisar los hechos Carlos da cuenta de una cadena de eventos que han llevado al estado actual, no si antes procurar justificar “lo ocupado que ha estado”, “es que pasó muy poco tiempo”, “es que no me dieron un plazo para que se hiciera”, “es que la tercera parte tampoco respondía mis mensajes”; expresiones todas, dirigidas a justificarse ¿ante quien?, ¿con que objeto? ¿qué esperaba Carlos escuchar de mi? Algo como “tienes razón no podía ser de otra forma”.

De todas maneras, y con la valentía propia de aquel que se acepta vulnerable, Carlos admitió que pudo intervenir en el proceso de aceptación de la petición, haciendo más preguntas relativas a fechas, medios, formas de comunicarse; puedo además llamar por teléfono y no solamente enviar mensajes o correos; es más, ante una no respuesta pudo contactar a Celia y hacerle ver la situación para solicitar su intervención en orden de ponerle en contacto con el tercero o bien declinar en su aceptación de no lograrse el contacto. Todas estas son mejoras en el proceso de tomar una petición.

Más ¿era ese el motivo de la vergüenza?. Carlos estaba molesto consigo mismo. Se recriminaba de manera dura el haber vuelto a decir que si de esa manera, al parecer no era la primera vez que le sucedía. Más allá de cualquier falta de estructura conferida a déficit de atención, el pecado original estaba en el “si” ligero. Carlos necesitaba decir que si a ese tipo de solicitudes, cada vez que lo hacía experimentaba una dosis de placer, el placer vinculado con ser de valor para otro, ayudar a otro, al parecer este ejercicio de aceptar era una suerte de reconocimiento, ligado a lo que los otros (en este caso Celia y un tercero) pensaran de él (no lo digo yo, lo comentó Carlos durante el proceso).

Es lindo ser querido, ser buscado, ser reconocido; uno de los grandes miedos es el de ser rechazado o no amado o ignorado. Frente a ese miedo, podemos elegir diversos cursos, en el caso de Carlos el camino aprendido es el del “si fácil” frente a peticiones que le ponían la posibilidad de ayudar a otro, y con ello reforzar su autoestima, su sentido de valor. Para él, los otros eran suficientemente recursivos, no se pensaba superior a los otros, de hecho requería al otro para verse mejor a si mismo.

Más, algo profundo bullía detrás de ese “si ligero”, según sus palabras el estaba diseñado para no cuestionar las peticiones de ayuda, así lo aprendió, nunca le fue permitido decir que no a aquellos que le pedían; en nombre del servicio, en nombre de ayudar, amputó de su léxico la posibilidad de cuestionar una solicitud (que el considerase decente y correcta) y se fue llenando de compromisos inconclusos, calendarios imposibles, ciclos no alcanzables… y eso dolía, dolía no poder cumplir, no poder lograr, no honrar aquellas promesas tácitas hechas de siempre ayudar, de siempre resolver, como si fuera el único que podía hacerlo, como que al no hacerlo contrariaba a aquellos de quienes lo aprendió.

El camino de Carlos tomó dos grandes cursos. Por un lado, la revisión de en nombre de qué, de quien, para que acepar pedidos; y dado ello la posibilidad del no en ese y otros ámbitos, y junto al no la posibilidad de renegociar; por otro lado, Carlos revisitó sus prácticas de gestión de acuerdos, sus manejos administrativos en orden de hacerse ayudar con evidencia clara de sus recursos reales para hacerse cargo de aquellos “sies” que daría en adelante. Seguiremos conversando y por el momento asegúrate de indagar en el qué te piden, para qué, cómo se sabrá que ha sido satisfecho, si tu posees el como resolverlo, las posibilidades reales de contraproponer… y en nombre de que lo aceptarías. Linda semana.

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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