El guerrero despertó… ¿y ahora?

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¿Le sucedió alguna vez que luego de asistir a una sesión de autodescubrimiento, y habiendo descubierto lo que tocaba descubrir y era posible en ese momento, vuelves a tu mundo, a tus prácticas y “recaes”? Seguramente evocarás tus promesas de final de año, el cambio declarado en el retiro espiritual del colegio, las declaraciones hechas a colegas de viaje en un proceso de descubrimiento con o sin fuego en los pies, o aquello que dolorosamente te es recordado por tu hija.

Lo mismo sucede en ese espacio conversacional que son los equipos de trabajo, cuando frente a la propuesta de algún miembro del equipo “hagamos una sesión de fortalecimiento del equipo” reaccionan con la expresión de “otra vez”, “y como para que, si siempre que pasa igual sucede lo mismo”. Resulta que ese equipo cada cierto número de meses ha realizado alguna actividad de “integración” que serían propios de estas series de televisión del tipo sobreviviente o de exploradores. Han sorteado muros de 4 metros de alto, han cruzado terrenos sin ayuda de la vista o el oído, han resuelto “campos minados”, sortearon el acecho de arañas gigantes, han volado como Superman atados de tirolesa, se movieron por puentes birmanos, hicieron acrobacias propias del circo del sol en cuerdas altas, vencieron aguas blancas que eran más negras y rápidas que quietas.

Mucha adrenalina, emoción, reflexión, descubrimiento… pero luego de re descubrir aquello que habías descubierto, como que las ganas de volver a someterte a un reto de “survivor” no son tantas. La mala noticia es que en algunos casos el equipo se queda en la parálisis o no acción en el equipo porque no quieren más de lo mismo, porque al parecer no distinguen que otra cosa puede hacerse. Porque además saben que hay algo que no hacen que impide que esos espacios de emoción, energía, costos se conviertan en algo más que declaraciones sin estructura, dicho de otra forma músculo sin hueso.

Ahora bien, no soy quien para decir que hacer (así sea que me dedique a hacer coaching de equipos de liderazgo con equipos regionales) más bien la invitación es a que te respondas las siguientes preguntas:

·     ¿Qué tienen en común las iniciativas y proyectos personales de los cuales te sientes orgulloso por lo alcanzado?

·     ¿Emocionalmente hablando, distingues la emoción presente en los momentos de diseño y ejecución?

·     ¿Si pudieses armar una especie de estructura de los proyectos exitosos personales y organizacionales, qué tendrían en común?

·     ¿Qué es aquello que te ha permitido honrar tus promesas a ti, a otros, con otros?

·     ¿Qué incidencia tiene la definición de los objetivos y la misma meta en el éxito de tu iniciativa?

·     ¿Cómo has celebrado?

·     ¿Cómo has aprendido?

·     ¿Qué de lo aprendido has implementado en otras oportunidades?

Existen también otras formas de gestionar la propuesta de ese compañero de equipo que sugiere la necesidad de hacer algo para el fortalecimiento de éste. Ese camino es el de “probemos otra cosa”… pero desde el mismo lugar, desde el mismo observador, desde las mismas preguntas.

En el plano personal eso explica que el primer “despertar” lo has tenido en el marco de un programa liderazgo inspiracional, años después en un retiro espiritual, pasando por talleres “transformacionales” agresivos/coercitivos en los que serviste a un negocio piramidal, luego has estado en programas de formación vinculados con energía, tienes un espacio de introspección y hasta has caminado por el fuego… y lo que sabes es que ahora quieres probar otra cosa, como si el seguir despertando te permite permanecer más despierto.

Con los equipos puede suceder lo mismo, y sucede, y lo he registrado en procesos de acompañamiento de los que realizo. Me he topado con este equipo que ha evaluado su equipo con diversos recursos. Sabe cuáles son los modelos mentales detrás del comportamiento de cada miembro del equipo (y lo sabe desde dos herramientas distintas), conoce el “cerebro” del equipo, saben cómo están respecto a lo que les “toca”, disponen de consciencia de su conciencia como equipo. Por lo que se han convertido en expertos… no en el equipo, sino en pasar por pruebas y conversar alrededor de los resultados de las mismas de la misma manera que se hace luego de saltar un muro, cruzar una telaraña, jugar a mudos y ciegos.

Despertar es un llamado, es una invitación, estar atentos y presentes es una elección, declarar aquello que queremos para nosotros una posibilidad, y ejecutar de manera consistente, amorosa y compasiva un camino. ¿Vos ya que despertaste… qué harás?

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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