Historias de desierto: de lo que aprendí del viaje.

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Hice una cuarentena, que suponía varias cosas. De alguna manera era hacer una experiencia de desierto, una experiencia de silencio, para poder escuchar. Y, ahora en esta entrada, me referiré a algunas cosas que aprendí en el viaje, sin prejuicio de seguir profundizando en próximas entradas.

Al desierto vamos solos.

Así sea que creamos ir en grupo, la estancia en el desierto es una estancia individual, el espacio de encontrarnos con nosotros mismos no hay cabida para alguien más; ¿quién podría estar contigo, además de ti, en ese espacio tan íntimo de encuentro?  El ritmo del paso por el desierto lo marcada cada uno de nosotros, ligado a nuestro sentir, el latir del corazón, el respirar particular, la urgencia de cada cual, ¿qué sentido tendría además habitar el desierto de otro? (amén de su imposibilidad).

Al desierto se va con lo necesario… no siempre sabemos lo que necesitaremos.

¿Te ha sucedido que en medio de un viaje te preguntes respecto adonde dejaste algo?, o bien, ¿te has dado cuenta de que hay algo que te hace falta?  En un viaje de silencio casi todo resulta redundante. Lo necesario es el que va, vaya como vaya, no hay tal cosa como estar listo para habitar el desierto, no hay tal cosa como tener preparados todos los recursos, más allá de tu pulso, de tu aliento, de tu estar todo resulta redundancia.

Los tiempos del desierto son diferentes a los del ruido

Por más “diseñado” que tengas tu viaje nada te asegura que una tormenta de arena no te visitará; no hay centro meteorológico que pueda prever ventiscas, calores, fríos.  Tampoco hay tal cosa como asignar una hora para descansar, o anticipar que la mañana será mejor para avanzar, que es bueno evitar los calores extremos de media tarde. Todo ello supondría alguna suerte de control, y a menos que sea una visita guiada al desierto en el que se nos cuente de que trata, el paso por el silencio no se somete a tiempos tradicionales, la experiencia espacio tiempo se somete a otras leyes, a las leyes del alma, a las leyes de aquello para lo que no alcanzan las palabras, hasta que las mismas llegan.

En ningún otro espacio tu presencia es tan importante

Conversaba con un cliente respecto a la presencia y el impacto de la misma en los diversos ámbitos. Lo divertido de la conversación era hablar de la presencia como si fuera algo manejable sobre lo que tenemos una especie de poder; como si fuera algo pasajero, estático. La presencia es una condición de vida, plena, comprometida, como se le quiera llamar, la presencia es premisa.

Pero, que hay de la presencia plena, según la definamos podría decirse que estamos plenamente presentes en cada minuto de vida; adonde tengamos la atención es otra historia; así como, la manera en que la atención que acompaña a tu presencia te acerca o aleja de lo que deseas para ti, del bienestar.

Al parecer que no hay mejor lugar para estar presentes que el ahora… si conoces de otro me lo haces saber.

No olvides llevar tu equipaje emocional.

O, dicho de otra manera, ve completo, no vaya a ser que extrañes tu tristeza porque no la has llevado contigo, o bien que te pelees con la rabia porque como ¡es posible que aparezca en ese espacio!

Una de las cosas que me paso este espacio fue el de darme cuenta que todo está bien, todo es bienvenido. La comodidad e incomodad como apelando a una falsa dicotomía desaparecen, no es sino hasta ahora que la distinción significa algo.

El espacio del silencioso y sonoro desierto invita al que somos, estemos como estemos. Claro está, desde esa disposición a permitir, es válido que nos queramos evitar sentires, que de pronto nos guardemos llantos, o el deseo de gritar. Más, en ese espacio tan nuestro, más temprano que tarde, al dejar de resistir, damos aire a esa vos que se desea manifestar.

A quien quieres, y  a quien crees que te quiere le hace bien estar enterado

Recuerdo esta película nominada al premio Oscar en la que un chico que practicaba montañismo sufre un accidente y pasa durante mucho tiempo solo procurando sobrevivir. Recuerdo que una cosa que se mencionaba en la película tenía que ver con que el protagonista no había anunciado a nadie adonde iría, como, cuando, etc.

Alguna lección me ha enseñado la película; si vas al desierto o a una experiencia de silencio, algunas personas importantes para ti han de saberlo. No se trata de pedir permiso, se trata de implicarlos en la importancia de tu experiencia, en el respeto que ellos se merecen sí, pero sobre todo en lo que deseas de ellos durante ese período, la manera particular de relacionarse, si estarás accesible o no, que pueden esperar de ti, etc. Adicionalmente, estas conversaciones permiten blindar tu espacio, decretar una nueva realidad, crear condiciones para el viaje.

El viaje es tuyo, no esperes una medalla a la vuelta

Recuerdo los retiros espirituales del colegio, eran una experiencia interesante. Una mezcla de rebeldía de chavales con actos de irreverencia nocturna, combinados con una actitud solemne de culpa y arrepentimiento.

En alguna ocasión, a la vuelta del retiro nos esperaban con cartas de seres queridos, flores, algún obsequio. Era linda la experiencia del encuentro, de ese encuentro.

La experiencia del desierto, del silencio es diferente y personal. Nadie es capaz de acompañarte en TU desierto; por lo mismo nadie es capaz de experimentar el regocijo personal del viaje, los miedos, los sentires del camino. Es un viaje tan personal que no es de esperar un trofeo, un ramo de flores, una medalla, un gesto de gratitud… porque de hecho así sea que llegues al desierto desde el miedo como en un acto de huida; al salir del mismo no esperas más reconocimiento que el tuyo propio.

El mundo sigue a pesar de ti.

Este es uno de los grandes aprendizajes. Recuerdo que cuando pensaba la nota a escribir para personas en mis listas de distribución, para quienes me leen en redes sociales, y para aquellas personas que siguen lo que escribo y grabo, venían a mi mente cosas como: ¿y que van a pensar?, ¿cómo hago para no perderlos luego?, seguro luego pierden el interés, otros que escriben pueden aprovecharse de mi silencio, etc.

Al leerlo me suceden dos cosas: a) vergüenza; b) risa, si mucha risa de mí mismo. Es maravilloso el espacio del silencio para estar con lo que es, no me atrevo a decir que lo más grandioso o supremo , pero si con lo que está siendo, escribas o no escribas hagas coaching o no hagas, des conferencias  o no las des, líderes un equipo o no. Y por otro lado, el mundo sigue sin ti… obvio, pero una cosa es mentalmente saberlo y otra valorar que así sea, que así ha sido, que así será, y que aquello que hagas importante, la rosa que hagas tu rosa será a pesar de las demás, y seguirá siendo tu rosa así sea que ya no estés.

Y si, algunas personas me preguntaron el porqué de mi silencio, otros indagaron en que estaría haciendo mientras tanto, algunos me ofrecieron esperar atentos mis nuevos posts, y otros muchos es seguro que no lo distinguieron, y millones no se han enterado… JE.

Y el mundo ha continuado su marcha, los clientes, los aliados, los grupos de compañeros, personas que no conozco han seguido visitando antiguas notas, otros han pedido información de programas, incluso los hay algunos que recién se enteran del período de cuarentena (tu puedes ser uno). Que maravilloso aprendizaje, es hacer cuerpo de una manera diferente, la experiencia de la inmensidad del mar y pequeñez.  Y como desde esa pequeñez puedo recrear mares, y extraordinarias experiencias de encuentro.

Más, también ha sido motivo del hallazgo de tesoros más sutiles, como el del saludo cotidiano de mis seres amados, la oración nocturna, la sonrisa ligera de un “ahh papi”, el “buenos días vecino” tan rutinariamente humano de quien vive al lado mío. Acallar las voces en las redes sociales un tiempo, me ha permitido escuchar otras, esas que no se alimentan de “likes”, esas que no requieren una recomendación para tener valor, esas cuyo poder descansa en la sonrisa de un ser humano amoroso, más que en un icono amarillo con una mueca blanca en el centro.

El silencio de la cuarentena elegida, me ha enseñado muchas cosas, muchas de las cuales seguiré conversando las siguientes semanas, al tiempo de explorar temáticas relativas al liderazgo de equipos, liderazgo personal, liderazgo comercial, comunicación, innovación y desarrollo personal., entre otros temas.

Al salir del silencio le doy gracias por las voces que me ha permitido escuchar, y a ti que me lees, por dar a mi voz un espacio en tus silencios.

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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