Lo que crees creas, a propósito de declaraciones de año nuevo

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Así es la cosa, ahí estaba yo con una copa en la mano, de fondo se escuchaba “yo no olvido el año viejo”, ya alguien solicitaba silencio para anteceder el brindis por la “desiderata” u alguna otra oración de esas que comprimen gratitud y nostalgia. Y ahí estaba yo, según yo con la página en blanco del nuevo año civil que inicia.

Imagino que has hecho tus declaraciones de año nuevo, el abanico de posibilidades al respecto va desde la respetable y bien intencionada reiteración de buenos deseos que nadie nos cree (y que igual es respetable) hasta aquella más estructurada que resulta de un proceso riguroso de definición de objetivos, metas, indicadores alineados con propósito de vida. Es posible que hayas hecho un ejercicio que culmina con una serie de documentos en plantillas, cuadros y gráciles imágenes; o bien, lo tengas en tu mente y lo que necesitas es una pieza de papel para salir de eso.

Sea el que fuere tu método y la manera de materializar el resultado, pareciera que los inicios de año son escenario para cierto afán contemporáneo de renovación, de re calibración, de ajustar de cara a “lo nuevo”, “¿lo nuevo?”. Y así veía el nuevo año civil yo pensando en nuevo, pero ¿qué es lo nuevo? ¿adonde está el pasado? ¿qué es lo que se cierra o se abre?

Lo que se abre o lo que se cierra tiene poco que ver con el nuevo año, y si tiene algo que ver con la declaración que hacemos, haya sido está más o menos elaborada. Tiene que ver poco con el nuevo año porque para empezar hay diferentes nuevos años, uno comercial, otro fiscal, otro litúrgico; es más, cuando es comercial hasta depende del giro del negocio y el tratamiento fiscal respectivo; y ya no digamos la celebración de nuestro nuevo año, o los aniversarios de lo que sea (matrimonio, noviazgo, laboral, etc.) hay para adonde escoger.

Los occidentales que nos regimos con el modelo gregoriano pues lo que hacemos es registrar el cierre de un ciclo estelar alrededor del sol e iniciar un nuevo conteo. De esa suerte, el año que inicia tiene poco que ver con nuestras declaraciones, en el mejor de los casos emerge como contexto de registro y realización de acciones. Es más, tiene poco que ver con el futuro.

Pensando en ese posible futuro a final del 2018 me pregunto: ¿Qué preguntas vas a responderte como resultado de alcanzar aquello que te estás proponiendo? ¿qué conversaciones podrás cerrar en consecuencia de obtener lo planteado? ¿qué necesidad has de resolver? ¿qué carencia vas a compensar? ¿qué hay detrás de tus quereres y declaraciones?

Puede suceder que mi intención del nuevo año tenga mucho que ver con “salir de” más que con “llegar a”; también podría pasar que lo que persigo es complacer a un tercero, a un grupo familiar; acaso hay un miedo a “no tener”, vinculado con otro de ser abandonado el que esté detrás de una declaración asociada con alcanzar algunos resultados en lo económico o empresarial. Lo mejor de todo es que la que sea la intención, vale por su propio peso, sin que nadie pueda cuestionar su legitimidad y pertinencia para aquel que la hace. De hecho, mi afán está muy lejos de ello.

Y ahí estaba yo, “me dejo cosa buena, cosa muy bonita” seguía sonando, y me hice la pregunta de ¿para qué quería hacer ese brindis? ¿para que quería hacer esa declaración? De pronto me invadió cierta incontinencia urinaria ya que me vi sin palabras y me sorprendí carente de una intención. Haría esa declaración para comprometerme frente a otros (un elemento calve en las promesas ciertamente) pero ¿lo hacía para ser acompañado o para que me escuchasen? ¿en el fondo me importaba su parecer o era un ritual? ¿si para mí era ritual entonces carecía de sentido el fondo? Y ahí dio inicio una tradición la de hacer la declaración de intención más disparatada o alejada de la verdad posible, la declaración de aquello que en definitiva no haríamos o porque estaba fuera de nuestro circulo de influencia, o porque ni teníamos la voluntad de alcanzadlo, o carecíamos de recursos para lograrlo. La situación dejo de ser la de un ritual conservador y cínico, a otro deliberadamente disparatado, con una energía delirante y divertida chévere para un fin de año.

Por otro lado, sí, yo igual con la copa alzada solo frente al espejo, revise mis intenciones, para procurar entender ¿desde adonde me haría esa declaración a mi conmigo? ¿para que me la haría? ¿cuál es la emoción detrás de las mismas? ¿Cuál es el estado de ánimo preciso para moverse al logro? ¿de qué me deseaba ocupar realmente? ¿sería que trabajar en mis intenciones debería ser el primer trabajo? ¿Cuáles son las creencias detrás de tales intenciones? ¿qué dicen de mí? Es más ¿Por qué persigo lo que persigo? Y ahí me vi, me di cuenta de que requeriría más tiempo y bebida para visitar mis creencias, para distinguir si las mismas me siguen representando, si al perseguirlas construiré algo parecido a bienestar, ya que aquello que creare es posible por aquello que ya creo, que ya he creado.

No podía quedarme eternamente en el baño, salí y retome la tradición de manera sospechosa al declarar “a diciembre del próximo año únicamente me comprometeré con cosas que sean posibles”… reinó el silencio, ese silencio de aquel que revela una gran verdad que no se desea escuchar… segundo después las carcajadas tomaron el espacio mientras Camargo seguía sin terminar su canción.

Te invito a revisar tu intención y creencias, esa que habita en las nuevas declaraciones… si es que no son más que un refraseo de las mismas de los años anteriores.

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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