No eres tu soy yo…

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¿Alguna vez has escuchado esa expresión? sea en tu vida misma, referida por otros, en canciones o toda suerte de melodramas. Algunos relacionan esta expresión como una forma en la que una persona pretende salir de una situación relacional causando el menor daño posible a la otra parte. Pero ¿y si realmente no fueras tú, y si fuera la otra parte?

Por ejemplo, recuerdas esos años de juventud (o de más juventud) en que en alguna fiesta pretendías bailar con alguien, le has invitado de alguna manera y esta persona te ha dicho (con alguna de las variantes posibles) no gracias. Es posible que hayas pensado que eso tenía que ver contigo, con que “·no soy suficiente·, “no le gusto”, “no soy atractivo para…”, “porque no quiere conmigo”, etc. Si no te sucedió eso ¿Por qué entonces has hecho todo tipo de racionalizaciones para justificarlo que ella no quiera contigo? ¿Y si realmente no eras tú sino la otra persona?

En tu relación de pareja, puede suceder que te acerques afectuosamente a tu compañera o compañero y recibas un movimiento que interpretas como negación o como una reacción a ti cuando eso sucede ¿te llenas de pensamientos catastróficos? ¿montas la escena de “algo te pasa” ?, o ¿simplemente das el espacio del caso al otro? ¿Y si realmente no tiene que ver contigo sino con un momento particular que experimenta la otra persona?

Tienes un hijo adolescente (ella o él) y persigues acercarte a conversar y escuchar con toda la gentileza y afecto del mundo (de tu mundo) y lo que encuentras es un comportamiento esquivo, “huraño”, ¿Qué se dispara en ti?

En el contexto laboral, tu supervisor te ha citado el día anterior a una conversación acerca de una iniciativa a cargo tuyo que te ha tenido ocupado por mucho tiempo; llegas a la oficina a la hora establecida y tu jefe (ese director general) apenas mueve la cabeza y te hace saber que no podrá atenderte en ese momento. Tú te habías preparado para la reunión, has esperado ese momento porque el proyecto en cuestión es de importancia para la firma, y para ti. Y de pronto, el líder a quien reportas apenas te mira. ¿Qué pensamientos te visitan?

Aparte de reflexionar acerca del porque y como reaccionas ante los gestos de los otros, ante sus palabras y actitudes – cosas que refieren completamente a ti – deseo dirigir mi mirada a la posibilidad de que no tenga que ver contigo, sino que tiene que ver con el otro o con la otra, y al final, volveré a ti y a mí.

Volvamos a los casos:

· “No eres tu soy yo”.

· El “no gracias” de la invitación a bailar.

· El previo a la escena del “¿te pasa algo?”.

· El silencio desgarrador de tu hijo adolescente.

· La inesperada cancelación de tu jefe.

¿Qué tienen en común? Podemos citar varias cosas, me quedaré con: a) tú y tu manera particular de escuchar / observar lo que crees hace el otro; b) otro a quien pretendes conocer o al menos de quien esperas un comportamiento predecible o “lógico”; c) un contexto desde el cual actúas y valoras como lógico o insensato el comportamiento del otro. Los tres elementos citados pueden resumirse en uno solo: tú y tu manera particular de entender, tu forma específica de entender al otro, y lo que crees qué es el contexto. Y sobre ello puedes trabajar, puedes ejercer la autoconsciencia, trabajar el autoconocimiento y desde la autodeterminación ocuparte en diseñar estados internos más propicios a los mundos y relaciones que deseas para ti.

Más, ¿Cuánto puedes incidir en la manera particular de ver del otro?, ¿cómo crees que el otro te piensa cuando te piensa?, ¿el contexto desde el cual opera el otro es el mismo tuyo? Si acaso una de estas preguntas la has respondido con “no” puede ser entonces que el otro tenga derecho a no estar cómodo en algún momento, a no querer bailar contigo, a evitar un abrazo, a postergar una conversación para poder estar presente de manera plena e inteligente.

Recientemente en una de mis actividades de “Conversar es como bailar” uno de los participantes a la hora de compartir su experiencia decía algo así: “me sentí un poco incómodo con XXX al momento de bailar con ella, en los otros casos me había acercado más y con ella sintió como que no quería que yo estuviera cerca, y eso fue incómodo para mí”. “¿Qué esperabas que hiciera?” Le preguntó la dama en cuestión, su respuesta fue “esperaba lo mismo que en los otros casos, pensé que había algo que no te gustaba”.

La conversación nos llevó por diferentes lugares en el mundo del chico, más lo que deseo subrayar es que ella cuando se refirió al asunto indico que no tenía que ver con él, que necesitaba su espacio para ella, que su espacio tenía que ver con ella, y que le había costado mucho darse la posibilidad del derecho a disentir, del derecho a no querer, del derecho a callar por un instante, del derecho a apartarse por un tiempo sin que nadie te reclame o te resienta. Porque total, “no eres tú, puede ser que sea yo”.

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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