No es un pétalo menos, se trata de un amanecer más.

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Miedo, tristeza, impotencia. Pensamientos catastróficos, justificaciones y racionalizaciones para demostrarme a mí mismo que eso que estaba pensando y ese miedo no ayudaba en nada a nadie.

El pequeño no conocía esa sensación, todos los días desde que recordaba su rosa siempre lucia radiante, su fragancia se imponía en el aire, y su presencia, su presencia adornaba no solo al asteroide, sin duda alguna era la envidia de los demás asteroides, planetas y cualquier cuerpo celeste circundante. Celeste, azul, lo que fuere.

He tenido esa extraña sensación que me recuerda lo pequeño que soy, lo insignificante de mi naturaleza, mi profunda vulnerabilidad. He encontrado en el llanto a hurtadillas un recurso, un recurso para lavar mi alma, para aliviar mi mente, para vaciar de aquello que ha de dar lugar a las posibilidades, a la luz, al abrazo de eso que de primera entrada distinguí como enemigo.

Ese día, mientras acomodaba sus memorias y pensaba en nuevos viajes y aventuras (aún tenía muchos hombres que conocer, y algo llamado mujer y niños) se dio cuenta… un pétalo estaba en el suelo, y otro amenazaba con seguir la misma suerte. Es más, un pétalo más tenía un color marrón y un aspecto de menor suavidad que el resto del pétalo.

El principito no sabía lo que era desmayarse, lo más cercano fue en su estadía con el piloto; mas sabia que no podía sucumbir, que su rosa nunca le había necesitado antes como ahora; y, en el fondo, habitaba una especie de culpa (como las espinas de la rosa) esa del tipo “yo tenía que estar ahí para ti antes”, como si la piel de rosa no hubiese padecido igual aún con la presencia y mirada atenta del pequeño de los rizos dorados.

A todo esto, la rosa parecía lucir igual de radiante, su fragancia era tan estremecedora como siempre o quizás más. El principito no entendía lo que le pasaba, y menos aún como su rosa era capaz de ser igual si él “sabía” que ya no era igual. Quizás si hubiese viajado menos, quizás si mi vuelta hubiere sido antes… rosa miraba a principito con ese guiño de no te he amado por los quizás, te he amado por lo que está siendo.

El principito pensó en estrategias que no llevaban a ningún lado, por ejemplo pasar todo el día, todas las puestas de sol al lado de la rosa y documentar los efectos del viento, del sol de la noche en su rosa… y la rosa le miraba como diciendo “¿acaso saber lo que sucede te va a llevar a ser algo más que espectador?”.

Pensó también sentarse al lado de “·rosa” y solamente ser escucha, permitirse el silencio, regalar a la rosa todos sus minutos posibles… la rosa se decía “¿acaso es estar atado a mi lo que te hace sonreír de esa manera que me regalas? ¿no te das cuenta que es justamente tu alegría y aventuras lo que además del sol me alimenta?”.

¿Y si le complazco todos sus caprichos?, ¿y si le atiendo incluso antes de que me lo pida? no es eso lo que quería “rosa”, semejante comportamiento sería como si el sol estuviese todo el día al frente sin permitirse el reposo, sin permitirse la alegría de la celebración, la emoción que me da de verle aproximarse, celebrando cada encuentro como el primero.

Entonces respiré profundo, conecté en ese espacio adonde me encuentro con aquello en lo que verdaderamente creo, y solté, solté todo aquello que no me es posible controlar; me he comprometido en abonar un espacio, un espacio propicio para que prospere lo bueno y lo mejor, un espacio para habitar cada día, para estar presente, para estar, de la única manera en que se puede habitar el presente. Y de pronto seguiré invitando ese líquido que lava mi mirada a hurtadillas, y la gratitud a la vida, con la vida, por cada día que el sol despierta.

El pequeño príncipe preguntó, desde su más grande miedo, su clara vulnerabilidad, y su profundo amor; preguntó a “rosa” si necesitaba algo distinto… y rosa simplemente dijo vida, vivir la vida, este amanecer, esta maravillosa puesta del sol, que es diferente a la de ayer y que es la única que tenemos para ser felices.

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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