No me importa quien eres, me importa lo que somos juntos

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Esperé infinitas puestas del sol, diría más bien innumerables porque nunca aprendí a contar más allá de mi número de pétalos, 63 son los pétalos de UNA ROSA, de esta rosa; puedo decir que conté varias veces 63 esperando su vuelta a SU casa, a SU lugar, al lado mío.

Esperé claramente que corriese a mi a cortejarme y de manera solapada verificar si había dolido o no su ausencia. Al final el jugaría a que no se da cuenta y yo creería que no se lo mostré. Y así sucedió. Ciertamente esperaba que me dijese que en los sitios que visitó no había otra rosa, así hubieren rosas; quería saber como eran esos mundos y que ninguno era como éste, como SU mundo, lleno de nuestro ritual y de mi aroma.

Mas, quería saber “él” como estaba, como se sentía. Durante muchas “entre puestas de sol” me contaba de cada planeta, de ese rey que decía gobernar el universo y que a mi me pareció lo más simpático y triste. Me habló también de un zorro, es un animal más pequeño que un tigre, y al parecer solitario; no se si estaré domesticada yo, he tratado de no pensar en ello, un momento lo creí y me causó mucho dolor. Con gran cautela, como cuando su mirada alcanza mis pétalos, me habló de un sitio en el que encontró tantas flores como estrellas, es más, se enfrentó a lo que yo creí mi mayor temor… rosas, pero eran solo eso rosas, no SU rosa.

De quien más me habló fue de “el piloto”, al parecer los hombres (en el planeta que sean) se llaman así mismos por lo que hacen; este hombre era el piloto, así como había un farolero, otro que era un gran contador, y ese que era rey, no conozco muchos hombres o mujeres, yo no hago más que ser rosa, quizás por eso me llama rosa.

Me habló mucho del piloto, al que llamó amigo; entendí que un amigo es diferente a una mascota, el piloto era diferente al zorro. Yo no se que soy para el pequeño de los bellos rizos, no creo que al piloto le hablase como a mi, y el zorro parecía necesitar al domesticador para vivir, no lo se, quizás algunas relaciones sean una mezcla de eso.

Ahora que lo pienso un poco más, no se cómo se siente el pequeño príncipe; se por ejemplo que se asombró al encuentro de tanta flor, o que, sintió mucha pena por el rey que creía mandar y no mandaba nada; también supe que sonreía a carcajadas plenas cuando el hombre que volaba trataba de hacer unos dibujos que a mi también me han parecido graciosos. Pero, cuando me lo cuenta no se como lo hace, me lleva con tanta facilidad a esos momentos que pareciera yo estar ahí y vivirlos, mas, ahora, no se como está quien me los cuenta.

Y es que, sigue la rosa al tiempo de esparcir su aroma en su pequeño planeta, lo que creo saber de cómo el se ha sentido en el viaje es porque me lo imagino, es porque son los cuentos que yo me cuento al compas de sus palabras. Y es que el principito, poco me habla de él, poco me ha hablado de cómo se sintió durante el viaje, muy poco se de cómo se siente, y a nosotras las rosas, las palabras nos sientan tan bien como la compañía del sol.

De una cosa si me he dado cuenta, mi pequeño príncipe, mi amigo, es un ser misterioso lleno de sorpresas y colores así como rizos dorados tiene. Es valiente, de que otra manera alguien podría abandonar a SU rosa e ir en busca de aventuras, de respuestas, o de preguntas; es amoroso, de que otra forma podría dedicar tanto tiempo a escuchar a un grupo tan diverso, por decirlo de algún modo, de personas. Me ha resultado curioso, eso siempre lo sospeché, en su preguntar permanente e inocente; también un poco como yo, en ocasiones demandante, por la manera en que le hablaba al piloto haciéndole ver que no era esos dibujos los que quería. Y todo eso, si, todo eso lo descubrí yo, porque él no me lo contó. Él se ha limitado a conversar del viaje, y continuar la vida que vivíamos, pero el y yo sabemos que no es igual, que zorros, otras flores, desiertos, estrellas, reyes, y un piloto, se han sumado a cada una de nuestras puestas del sol.

El principito nunca me habla de él, de cómo está o como se siente, ahora de lo que se es de su viaje; y lo que es para mi ahora tiene que ver con lo que le escucho, con lo que imagino, con las historias que me cuenta de lo que hizo, de lo que hace; ahora para mi el ES el viajante… a pesar de que nunca le he amado por lo que hace, me resulta muy difícil describir lo que para mi es, porque de todas maneras él no me lo dice.

Pasaron las horas hasta una nueva puesta del sol, la rosa regaló al pequeño príncipe un rubor lleno de aromas que evocaban volcanes, estrellas, desiertos e historias. Sus miradas se encontraron, sus ojos color sol se iluminaron y nuevamente la rosa descansó, teniendo presente que no necesita saber quien es el príncipe, para amar lo que ambos han construido. Una rosa, es una rosa, es una rosa… ¿qué es?… una rosa.

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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