No te extraño… te recuerdo

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Las cosas no seguirán siendo igual, en verdad no han sido iguales. Desde que he llegado a mi planeta, desde que he vuelto con mi rosa, desde que he vuelto a pensar en mi carnero ya mis palabras son diferentes, ya mis suspiros no son iguales, ya las puestas del sol son distintas. En verdad que nunca creí que esa estancia en la tierra hiciera tanto en mí; mis conversaciones con el piloto, algo han hecho en mí.

Extraño cosas de su mirada; esa mirada incrédula cuando le narraba acerca de mi planeta, de mi rosa, de mis viajes, de la imposibilidad de cultivar baobab en mi planeta; ese mirar ansioso esperando mi respuesta cuando me presentaba sus dibujos como si yo fuera a decirle algo que no saliera desde mi corazón.

Extraño su mirada triste como anticipando mi partida, que se convertía en miedo cuando le hablaba de mi encuentro con serpiente y la oferta que ésta me había hecho. Extraño su mirar molesto y contrariado, cuando con mis palabras parecía retar todo aquello en lo que él creía, como ese día que le cuestioné acerca de la reparación del sistema de ventilación del avión, de su nave.

Extrañare su cuido, su manera de acercarse cuando él creía que yo dormía, solo pensaba que quizás mi rosa me veía a mi acercarme con los ojos tan llenitos de ternura, tan llenos de amor

Ya me hace falta escuchar su voz diciendo mi nombre, un poco con curiosidad, luego con angustia, finalmente con miedo; me acordaré de su atención, de esa manera particular de estar presente para mí cuando lo estaba, y esa verdadera vergüenza que sentía cuando se daba cuenta de no estar poniendo realmente atención.

Hace varias lunas que no escucho sus palabras “estamos cerca de partir”, que queriendo decirlas a él mismo pretendía hacerlo a través mío, como si con mantener mi fe se mantuviese la de mi amigo el piloto, como si yo la hubiese perdido en algún momento.

Hace varias puestas de sol que he dejado de contar las estrellas y de buscar constelaciones; como si contarlas fuera importante, aunque si era importante para mi amigo y extraño su deseo de hacer que mis noches fuesen menos largas.

Han pasado varios días desde que abandoné la tierra y mi rosa ahora es diferente para mi, es otra rosa, quizás porque soy un poco diferente desde que salí a la tierra.

Nunca terminé entendí a los hombres y aprendí que eso no es preciso para amarlos; tampoco entendí lo que les movía, también aprendí que yo elijo quererles, aceptarles con o sin reconocer la intención; nunca entendí sus miedos, aprendí la forma en que el apego hacía sufrir a mi amigo el piloto. Aprendí que cuando se quiere de verdad importa muy poco que seamos muy diferentes, que tener la razón no es lo más importante, que las rosas se aman, aunque no podamos abrazarlas, que cada rosa, que cada zorro, que cada humano se merece ser amado por el hecho de ser y de llenar con su presencia la vida.

Nunca entendí porque sufría tanto mi amigo el piloto por mi eventual partida, ahora entiendo que no se trataba de sufrir por la partida, sino por extrañar la maravilla de su presencia.

Hace día que veo mis puestas de sol, y las veo pensando en cómo las vería mi amigo el piloto.

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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