Perdoname por no ser predecible…

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Ese día el pequeño príncipe lucía diferente. Más allá de su brillo que yo alcanzaba a considerar como natural, se había colocado su chaqueta al revés, se acercó a mi jugando con la chaqueta, de alguna manera ¿provocando mi interés en lo que hacía? o acaso simplemente jugando, como muchas veces lo hacía.

Me mantuve incólume ante su forma de portar la chaqueta, más, para mi sorpresa, para El Principito era evidente mi inquietud, la confusión que me causaba su forma de usar el abrigo. Hasta que por fin buscando mi rostro me ha preguntado: ¿hay acaso algo que deseas decirme o preguntarme?.  A como pude, según yo, y manteniendo la compostura respondí con algo que hacía bien… con otra pregunta: ¿qué te hace pensar que quiero decirte algo o preguntarte?.  “Sabes” dijo, muchas veces cuando no sabes como decir lo que piensas me haces una pregunta, cómo si el decirme lo que sientes yo podría enfadarme, entristecerme, no lo se. Pareciera que te adelantas a mi reacción. Mis palabras no tocan a mi rosa a menos que mi rosa se permita ser tocada.

–      ¿qué querías decirme? Ha preguntado el principito.

–      Quería saber de tu abrigo al revés.

–      ¿querías?, es decir ¿ya no quieres?

Me pareció una irreverencia de parte del Principito esa expresión; como que se burlaba con las palabras. Pero luego éste aclaró: “te lo digo así porque en ocasiones no termino de entender que deseas, para mi si quiero algo lo quiero en el ahora; cuando dejé de quererlo digo quería o quise, y para mi ahí acabo todo… parece que ustedes el “quería” y el “quisiera” les dura mucho tiempo, y lo dicen para suavizar lo que quieren”. ¿Qué puede haber de malo en que querer que dibujes para mi un cordero?, por ejemplo, ¿porqué habría de callarlo?, en mi planeta aunque seamos pocos, podemos claramente querer.

–      Y si es cierto, ando el saco de otra manera, lo que tu llamarías al revés – continuó – y eso te ha incomodado al parecer; pero pienso que fue otra cosa.

–      A decir verdad, los niños hacen lo que quieren con la ropa, juegan, se disfrazan y demás. Pero si, al principio sentí que algo no estaba en su lugar..

–      Y, ¿cuál sería el lugar?, somos de planetas diferentes – replicó. Una vez mi rosa se molestó conmigo porque no le saludé como de costumbre me dijo; después supe que no fue por eso… fue porque yo seguí como si nada, al parecer esperaba una disculpa mía por no ser como ella esperaba que yo fuera.

Tal expresión fue como el golpe del elefante antes de ser tragado por una boa. Entendí que lo que me había incomodado era que el pequeño parecía disfrutar de mi incomodidad, parecía retarme a aceptar su elección y seguir como si nada. No era el abrigo “al revés” era su desafío a ser quien era, a elegir sin mi mirada evaluadora. Nuevamente el Principito habló.

–      Me he dado cuenta que sufres cuando las cosas no salen a como las piensas. Te vi molesto con que el avión se haya descompuesto, y eso no lo arregló; te vi molesto cuando hacías los dibujos que no me parecían como si tuvieras que acertar desde el principio, como si supieras lo que había en mi mente. Y ahora, parece que te incomoda que yo haya elegido hacer algo inesperado para ti.

Como en otras tantas ocasiones el silencio fue la mejor respuesta. El silencio del que procesa lo escuchado, el silencio de aquel que elige reflexionar sobre lo escuchado.

El Principito caminó hacia el poniente, sus rizos brillaban al contacto de los rayos del sol, a lo lejos volvió la cabeza y con sus grandes ojos poniendo su mirada en mi dijo:

–      En mi planeta, aún siendo pocos y aún teniendo tantas puestas del sol; nos dejamos sorprender por lo que va decir mi rosa, por lo que desee el cordero, por la nueva puesta del sol que es diferente día con día. Sabes, solamente tu y yo estamos en este desierto, y cada día descubro algo nuevo de ti, y con eso algo nuevo de mi.

El Principito continuó su camino y yo descubrí una nueva puesta del sol.

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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