PROGRAMA: COMO CAMINANTES EN EL DESIERTO

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Como caminantes en el desierto – un viaje de exploración, encuentro, sanación y descubrimiento

En el primer trimestre del año 2001 recibía una noticia para mi devastadora: mi madre había sido diagnosticada con linfoma linfoma no Hodgkin [1]. Mi primera reacción fue de miedo, un intenso frío se apoderó de mí, la respiración se vio afectada, tuve que tomar asiento para poder sostenerme frente a algo que no entendía. ¿Acaso el miedo a perder a mi madre?, ¿un poco de culpa por no haber acompañado a mi madre durante los años viviendo fuera de El Salvador?, ¿enojo frente a algo sobre lo que no podía hacer nada? Fueron todas esas cosas juntas y más.

Por su lado, mi madre no carente de miedo, distinguía que tenía suficientes elementos como para tomar una decisión respecto a lo inevitable, gestionarse frente a su afectación biológica. He visto a mi madre vivir un año desde el espacio de la posibilidad, motivada en ocasiones por sus nietas en camino, conectada consigo misma y las señales que cuerpo le enviaba, ocupada en resolver “sus asuntos”. Al principio cuidando a sus hijos, temiendo como nosotros íbamos a tomarlo, luego enfocada en la vida, enfocada en creer en aquello que estaba después del tratamiento.

Parecía que mi madre veía la enfermedad no como el fin de todo, no como un juego simple de suma cero del tipo curarse o morir; ¡cuan limitada es la vida por las paradojas ¡

En diciembre del 2016 mi madre nos ha acompañado en la celebración de los 15 años de edad mi hija, de su nieta.

Durante el proceso de tratamiento, la actitud de mi madre contrastaba con la mía. Mi rabia frente a LA impotencia se oponía a la quietud y aceptación de mi madre respecto de las consecuencias temporales de lo que tomaba como parte del tratamiento; mi miedo a su partida y a la certeza de muerte, no se parecía en nada a la gratitud que frente a la historia y lo que había vivido mostraba mi madre; su muestra de vulnerabilidad y admitir el dolor en algunos momentos del tratamiento, mientras yo pretendía mostrarme fuerte… para evitarle, según yo, sufrimiento.

Algo sucedió, y sin entrar en detalles respecto al poder de las creencias en lo biológico, mi madre eligió habitar su proceso de vida no el de evitar la muerte; pasó de una posible actitud de víctima del tipo yo no elegí estar enferma ni esta enfermedad, a una de tengo este día para vivirlo, hay razones para vivirlo, y parte de este viaje es danzar con las células que de forma engañosa pretendían hacer de su cuerpo una morada. Lo ha elegido si con un poco de miedo, pero no desde el miedo; lo ha elegido desde la certeza de lo incierto, más sin tirar la toalla; lo eligió desde la conciencia de que era su propio viaje, sin dejar de reconocer la conexión que tenía con el nuestro, que de todas formas seguía siendo el propio.

Al pasar de las semanas algo entendí. Un día de tantos callé, hice silencio. Y por primera vez distinguí mi desierto, ese espacio en el que, al callar el ruido de otras voces propias, finalmente podía escucharme, no sin miedo (mucho); ese espacio en el que no hay otro lugar que ir, no hay trinchera para armarse… finalmente en la dicotomía de la soledad – no soledad, dado que de todas maneras nunca estoy vacío de mí ni de los múltiples sistemas de los cuales soy parte.

En ese espacio de silencio, pude dar cuenta de mi mirada frente a la situación, culpa y miedo mezclados; un cóctel de justificaciones me invadía, todas ellas orientadas a auto complacerme, a perpetuar mi condición de víctima, con la consecuente impotencia, con la consecuente incompetencia para actuar, con el certificado de “limpio” para poder dar la cara a mi madre, como si eso fuese lo que ella esperase, como si ella esperase algo.

En algún momento la mirada cambió como resultado de reflexiones, conversaciones, meditación, oración. Y me moví, me moví al espacio de la aceptación de aquello que no podía cambiar, sin resignación y con paz. Ello no me aseguraba que madre sanaría, esta aceptación fue mi puerta para el viaje, para caminar el desierto, mi propio desierto como un acompañante de mi madre, con la claridad de que el verdadero viaje era el propio.

El paso del padecimiento de mi madre fue el gatillador de un viaje dentro de mí, por mis propios desiertos; viaje en el que encontré recursos, posibilidades, caminos, oasis; desierto que me llevó, en ese caso, a una forma diferente de relacionarme con madre y con eso que conocía como enfermedad, y con la misma muerte.

De la misma manera, he vivido mis propios desiertos en mis relaciones, como compañero, como líder, como coach (adonde cada sesión es un camino). Igual, he observado desde mi propio desierto, el andar de otros en sus enfermedades, acompañando a otros, re inventando su vida, liderando equipos, cerrando ciclos, sanando una pérdida. De todos ellos, de todas esas situaciones, de la reflexión, del sentir sobre las mismas surge este programa. Esta invitación a caminar juntos los infinitos desiertos.

Te invito a este programa sea que:

  • Estés enfrentando una transición, y en medio de la misma requieres recursos, silencio, contención para continuar caminando o bien para habitar amorosamente el momento.
  • Acompañas a otros en sus procesos de desierto (salud, relaciones, duelo).
  • Quieres trabajar en ti para la construcción de relaciones nuevas, contigo, con otros, más sanas.
  • Necesitas responder preguntas y buscas un oasis para hacerlo.
  • Enfrentas un dilema relacional (laboral, no laboral) y pareciera que es más complejo que un juego de suma cero.

 

¿Qué perseguimos con el proceso?

Nuestro propósito es crear un proceso que haga posible moverse hacia una posición de poder hacer en el ámbito que cada participante haya definido como el espacio de su viaje, sea este vinculado con la salud, lo relacional, o realización personal.

Lo anterior supone:

  • Distinguir lo que es para MI un desierto, así como en qué espacios de vida habitamos o necesitamos habitar o transitar el desierto.
  • Crear un mapa de ruta.
  • Crear conciencia respecto a la forma en que habito el desierto y lo que mi propio camino demanda.
  • Desarrollar los recursos necesarios para transitar nuestros propios desiertos y acompañar a otros en el viaje.

¿Estás listo para el viaje?, te contaré un poco de cómo vamos a trabajar.

De proceso y método

El proceso se compone de cuatro grandes momentos e incluye sesiones de coaching grupal (8 de dos horas cada una), dos sesiones individuales con cada participante a lo largo del proceso, trabajo individual y lecturas (el calendario de las sesiones se agrega al final de este documento).

El programa se construye sobre cuatro momentos:

  1. De darnos cuenta a elegir el viaje. Podemos elegir el desierto como camino, o hacer de éste un espacio de encuentro. En ambos casos supone un movimiento. En la primera situación refiere a moverse de la certeza y comodidad de la situación actual, hacia la ventana de la incertidumbre y elegir hacer un viaje. El segundo caso implica el movimiento de no saber a saber si estoy en el desierto y elegir habitarlo. Este es el primer momento del viaje. Y en ambos casos supone darnos cuenta, de adonde venimos, adonde estamos… y distinguir como hemos llegado al desierto o con que objeto
  2. El mapa no es el territorio… pero como ayuda. Así como somos más que lo que aparece en una foto, igualmente un mapa es un recurso que no cuenta toda la historia, se refiere a puntos conocidos, a caminos recorridos por un cartógrafo y que se nos ofrecen como una herramienta para emprender el viaje. Si bien no definen cual será nuestra experiencia en el viaje, si nos dan algunas distinciones frente a las cuales podemos tomar una postura. Nuestra posición puede ser desde el escepticismo, desde el miedo, desde la curiosidad; y la manera de mirar el mapa tiene su impacto en el camino que elijamos.  Por otro lado, también un mapa puede darnos guías para preparar el viaje, sin abandonar la certeza de que está sujeto a mejora, y que seguramente al termino de mi viaje podría hacer un nuevo mapa.

En esta unidad nos ocupamos de mostrar un mapa para reconocernos en el desierto, distinguir estados internos vinculados con diferentes modalidades de habitar el desierto. Compartimos un modelo de abordaje y comprensión.

  1. El viaje, mi viaje personal, mi viaje al servicio de otros. Esta unidad comprende el grueso del proceso. Durante la misma sostenemos conversaciones significativas acerca del camino, del encuentro, de aprendizajes, y, desafíos. Construimos un espacio de contención entre caminantes, para sostener, apoyar, retar, acompañar. Utilizamos el modelo / mapa y documentamos la experiencia de aprendizaje. La invitación es a generar una memoria de su propio viaje, y, como parte del acompañar a otros a generar además la memoria de ese viaje de crecimiento y aprendizaje.
  1. Un nuevo comienzo. Esta unidad es el cierre de este viaje, y seguramente el inicio o la mitad de otros. Durante esta fase del proceso haremos cierres individuales y grupales, reconoceremos aprendizajes, reflexionamos acerca de nuestros desplazamientos y compartimos aquello aprendido del acompañamiento que hemos hecho a otras personas.

A propósito de calendario y de próximos pasos

 

Te propongo iniciar este viaje en junio, de acá a esa fecha te haré llegar el trabajo previo, toda vez que me indiques que estás dispuest@ a participar. Las fechas para las sesiones grupales se comparten a continuación, las individuales se coordinarán a conveniencia de las partes. Todas las sesiones se realizarán a las 18:30 de Costa Rica (19:30 CDMX, Quito, Bogotá, Lima, Panamá) y por plataforma ZOOM.

Sesión Fecha
Apertura 20/06/2017
2 04/07/2017
3 18/07/2017
4 01/08/2017
5 22/08/2017
6 05/09/2017
7 26/09/2017
Cierre 17/10/2017

¿Y ahora qué sigue?, sigue tu decisión. Si decides o no participar te invito a que me lo hagas saber al correo francisco@fvcoachsulting.com sea cual fuere tu decisión. Si deseas saber más, o tienes una pregunta específica que te es clave para aceptar o declinar la invitación igual puedes hacerla al correo enunciado. Desde ya gracias, por la mera posibilidad de caminar juntos un desierto.

Nacemos con alas…

[1] El linfoma no Hodgkin (también conocido como LNH o simplemente como linfoma) es un cáncer que comienza en las células llamadas linfocitos, el cual es parte del sistema inmunológico del cuerpo. Los linfocitos se encuentran en los ganglios linfáticos y en otros tejidos linfáticos (tal como el bazo o la médula ósea). Estos se describen con detalles más adelante (https://www.cancer.org/es/cancer/linfoma-no-hodgkin/acerca/que-es-linfoma-no-hodgkin.html)

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Acerca del autor: Francisco Villalta

Francisco Villalta es coach, conferencista y autor. Ha acompañado a miles de personas en los últimos 15 años en el proceso de desarrollo personal y en el camino de alcanzar sus metas y concretar sus proyectos más importantes. [Saber más]

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